(San Carlos de) Bariloche, queridoo~

No recuerdo haber llegado a Bariloche la primera vez que fui, hace casi 12 años atrás. Me acuerdo haber dormido en el bus con el resto de mis compañeras de curso y haber despertado muy temprano en la mañana en una bencinera…¿en Osorno? ¿Cerca de Osorno? Tengo varios recuerdos de lo que fue mi gira de estudios, pero nada de cuando llegué a Bariloche.

Ahora lo recuerdo con claridad absoluta. El lago Nahuel Huapi. Eso es lo que domina toda la escena al llegar a esta sureña ciudad de Argentina.

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Una lluvia a orillas del Llanquihue.

Puerto Varas es una ciudad linda-linda. Su plaza, sus casas, sus árboles, todo te recuerda que estás en el sur de Chile. Representa, fielmente, un reflejo estético de “toda la magia del sur“, como dice una conocida marca de lácteos chilenos cuyo nombre no mencionaremos, porque a esta humilde servidora no le pagan por publicidad.

Una perla a orillas del tranquilo lago Llanquihue, Puerto Varas es una ciudad para descansar, para perder el sentido del tiempo, disfrutar y relajarse.

Y eso, Puerto Varas lo sabe.

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La Joya Magallánica.

Para mí Punta Arenas, aquella ciudad que por poco y no se cae del mapa, es un lugar con el que me conecto. Desde siempre me ha llamado y, por eso, mi meta es ser siempre capaz de volver. A disfrutar de su gente, de sus lugares y de la sensación de asombro que me produce esta ciudad al borde del Estrecho de Magallanes.

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Colonia del Sacramento: Un viaje en el tiempo.

A casi 180 km de Montevideo y separada de Buenos Aires por apenas 50 km de Río de la Plata, Colonia es una ciudad chiquitica, pero llena de magia. Caminar por sus calles, en general, es llegar a otro mundo. Y caminar por su Centro Histórico es como hacer un viaje en el tiempo.

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Montevideo (de mi amor), parte 2.

Quizás fue la tranquilidad de Montevideo lo que me cautivó desde un principio. Puede que su propio modo pausado me haya influenciado a darle más vueltas a mi vida y a cambiar un poco la perspectiva.

Bolivia y Perú fueron una aventura fantástica, llena de buenos momentos y de adrenalina, fue mi primera salida al mundo como viajera en solitario. Uruguay es, muy probablemente, la calma de saberme capaz y de entender que ya era hora de sentarme a pensar en lo que había sido mi vida hasta ese momento.

Por eso, un segundo día de caminatas a lo largo de las ramblas no le hizo mal a nadie.

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