Colonia del Sacramento: Un viaje en el tiempo.

A casi 180 km de Montevideo y separada de Buenos Aires por apenas 50 km de Río de la Plata, Colonia es una ciudad chiquitica, pero llena de magia. Caminar por sus calles, en general, es llegar a otro mundo. Y caminar por su Centro Histórico es como hacer un viaje en el tiempo.

Para estar tan cerca de Montevideo, sí que se demora una en llegar a Colonia. Tres horas de viaje parecen excesivas para esos 180 km y carreteras en buen estado, pero los buses suelen hacer un montón de paradas en distintos pueblos/ciudades a lo largo del camino, lo que justifica la demora. Aunque para alguien que no sabe y viaja a la hora de almuerzo, es matador, porque el hambre acecha.

Tengo una anécdota con respecto a mi viaje en bus, por alguna extraña razón la gente puede ir de pie, en el pasillo, en los buses interurbanos. Ya se imaginarán mi cara de WTF cuando vi que la gente, sin ningún problema, se acomodaba en el pasillo. Solo atiné a pensar: “Carabineros jamás permitiría esto”. Cosas que se descubren en viaje.

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Se ve frío y hacía frío.

Estuve dos días en Colonia y dada la fecha en que viajé (principios de mayo) estaba un poco helado, con apenas unos rayos de sol que se filtraban entre las nubes y un viento helado que venía desde el sur.

La postal no podría haber sido más mágica. Otoño, árboles café, calles adoquinadas y pocas personas. Colonia fue para mí, un lugar para descansar y para seguir replanteando mi vida.

Al llegar al terminal de buses, agarré mis cosas y me fui caminando al Hostal El Viajero. Queda tan cerca del terminal que no vale la pena tomar taxi ni nada…a no ser que realmente vayas con muchas cosas y muchas maletas.

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Fotografía random.

La primera cosa que me llamó la atención de Colonia (cuando fui a buscar un almuerzo tardío a otra La Pasiva, porque “chivitos”) es que la ciudad es tranquila como tacita de leche y que la gente es muy, muy confiada. Mientras comía, alguien dejó una bicicleta apoyada en un árbol, sin cadena. Y otra dejó sus cosas, lentes y un libro, arriba de una mesa. En muchas ciudades del mundo ese nivel de confianza ya no existe y me alegra mucho que en Colonia aún se vea.

Los días que me tocó estar en Colonia no estuvieron muy lindos, la verdad es que hacía algo de frío, así que en mi primer día me tocó refugiarme temprano en el Hostal y disfrutar de su exquisita chimenea y Netflix (Si les interesa saber, estaba viendo la primera temporada de Downton Abby).

Al día siguiente, salí a explorar el Casco Histórico, que está compuesto por un par de cuadras llenas de fachadas de estilo colonial y calles adoquinadas. Se pueden encontrar restaurantes y cafés para darle un poquito de vida a un lugar que, por la fecha, se encontraba bastante silencioso y tranquilo.

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Henos aquí en el Paseo de San Gabriel. 

Partí bordeando el Río de la Plata, que más que río parece mar, por el Paseo de San Gabriel. Fue un día con harto viento y yo estaba en mi mejor momento “oteando el horizonte emo style” cuando apareció un perro callejero, el primero que veía en Uruguay, que quería jugar conmigo y no me dejó ser hasta que lo hice.

Un detallito. De noche esta zona tiene una iluminación más o menos escasa. Comprenderán, entonces, que resulta un pelín tétrico caminar por aquí: oscuro, los únicos sonidos son el viento y el oleaje del río, y las fachadas oscuras de las casas. Casi de película de terror.

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Conozcan el faro.

Si me preguntan por el faro, confesaré aquí y ahora que no subí, porque no me dieron ganas.

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Calle de los Suspiros *sighs*

Siguiendo con el recorrido, una de las calles más famosas de Colonia es la Calle de los Suspiros y hay varias historias sobre ella. Una dice que a esa calle llevaban a los condenados a muerte para que se ahogaran cuando subía la marea, otra dice que era una calle llena de prostíbulos y otra dice que una noche en esa calle asesinaron a una joven que esperaba a su amor. Sea cual sea la historia, no hay como negar que la calle tiene un encanto especial. Sus fachadas desgastadas por el tiempo y, sin duda, el viento, le dan ese toque distintivo de la ciudad.

También caminé hacia el Bastión de San Miguel y la puerta de la Ciudadela. Todavía hay antiguos cañones apuntando a resguardar la ciudad y me dediqué a sacar algunas fotos del lugar, aprovechando que no había nadie que me estuviera apurando.

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Plaza de Armas. Y al fondo, entre los árboles, la Iglesia Matriz.

Pasé también por la Basílica del Santísimo Sacramento, conocida también como Iglesia Matriz, a un costado de la Plaza de Armas de Colonia. Esta iglesia se considera como la más antigua de Uruguay y data del siglo XVII, aunque la Iglesia tal como se conoce hasta hoy fue construida alrededor del 1808-1810.

 

Después de un almuerzo no tan liviano (porque tanta caminata da hambre), fui andando hasta el Puerto de Yates, donde pasé un buen rato sentada haciendo nada, disfrutando el calor de unos rayos de sol tímidos que se hacían paso a través de las nubes.

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Parte del Bastión del Carmen

 

Finalmente me pasé por el Centro Cultural Bastión del Carmen, a caminar por su parque, que desde el Club de Yates se veía bastante interesante, con harto verde. Y me llamó la atención.

Dicen las lenguas viajeras que en días despejados es posible ver la silueta de los edificios de Buenos Aires recortarse sobre el horizonte desde Colonia. Yo no pude ver Buenos Aires, pero sí sentir su presencia fantasmagórica. En la noche, desde el Paseo San Gabriel, se puede ver el reflejo de las luces de la ciudad en las nubes, así pude adivinar dónde estaban Buenos Aires y la vecina ciudad de La Plata.

Una última anécdota, la mañana que me devolvía Montevideo me puse a conversar con una española muy simpática que estaba haciendo el check out a la misma hora que yo. Ella partía hacia el norte, hacia Chuy, porque iba en dirección a Brasil. Después de un buen rato de conversación y datos interesantes, reviso mi pasaje para saber a qué hora era mi bus y descubrí que mi bus salía en 10 minutos. Volé al terminal de buses (española incluida) y alcancé a llegar exactamente un minuto antes de que mi bus saliera camino a Montevideo. Tengo unos excelentes ángeles que me cuidan desde el Cielo.

 

Debo admitir que mi relato no le hace justicia a Colonia. Siento que tenía muchas más cosas que ver, que visitar, pero yo no me enteré de nada. Como excusa, mi estadía completa en Uruguay fue improvisada…y cuando improvisas con poco tiempo, pasan estas cosas de que no sabes y dejas cosas sin visitar.

En fin, puedo decir que sí, quiero volver a Uruguay. Sí, quiero conocer más lugares. Sí, quiero re-descubrir lo que me faltó en los lugares que estuve. Quiero volver a ver a nuevos amigos. Esta pequeña República Oriental se ganó mi corazón con su simplicidad, con sus lugares y con su vibra.

Aunque sea por el día y viajen desde Buenos Aires, denle la oportunidad a Colonia o a Montevideo y disfruten lo diferentes que son del resto de los lugares que conocen. Déjense llevar por un tiempo distinto al resto y no lo piensen, aprendan a vivir como lo hacen estas personas y no se van a arrepentir.

¡Adivinen! Sí, tengo video de mis pequeñas aventuras en Uruguay. Atentos a mi próxima actualización (que puede ser pronto).

 

Datos para Colonia del Sacramento

  1. Desde Montevideo, no tomen bus a la hora de almuerzo. A no ser que vayan con provisiones, porque de que hace hambre en el camino, hace hambre. El consejo también aplica viceversa.
  2. La empresa de buses COT es muy confiable y segura para viajar (aun con mi anécdota). Fue mi opción a la hora de moverme por Uruguay.
  3. En Colonia hay muchas tiendas pequeñas, pero no supermercados, cerca del Casco Histórico. Si quieren abastecerse para sus comidas, son la opción.
  4. Los restaurantes son un poco caros para el viajero promedio mochilero.
  5. En Colonia hay varios lugares que aceptan tanto pesos uruguayos, como pesos argentinos.
  6. Una curiosidad que no sé si será algo generalizado, cuando fui a comer decidí pagar con Visa y no pude hacerlo porque necesitaba un consumo mínimo para pagar con tarjeta. Weird.
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4 comentarios en “Colonia del Sacramento: Un viaje en el tiempo.

  1. Una sensación nostálgica me generó leerte. Soy uruguaya pero vivo en Chile. Excelente narrativa y describes exquisitamente de qué se trata mi país.
    Saludos!

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    1. Me alegro mucho de que te haya gustado! Cuando escribo, hago lo que puedo para intentar plasmar lo que me provocan los lugares que visito y tu comentario, siendo uruguaya, vale muchísimo!
      Muchas gracias por leer y por darte el tiempo de comentar 🙂

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