Montevideo (de mi amor), parte 2.

Quizás fue la tranquilidad de Montevideo lo que me cautivó desde un principio. Puede que su propio modo pausado me haya influenciado a darle más vueltas a mi vida y a cambiar un poco la perspectiva.

Bolivia y Perú fueron una aventura fantástica, llena de buenos momentos y de adrenalina, fue mi primera salida al mundo como viajera en solitario. Uruguay es, muy probablemente, la calma de saberme capaz y de entender que ya era hora de sentarme a pensar en lo que había sido mi vida hasta ese momento.

Por eso, un segundo día de caminatas a lo largo de las ramblas no le hizo mal a nadie.

Una cosa que me encanta de los hostales son los desayunos. Muchas veces puede que sean la comida más contundente que como en el día, así que los aprovecho con fervor inusitado. Especialmente este que tenía dulce de leche, mi favorito.

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¡Hola! Una obra maestra del fotógrafo en solitario. Grande el timer!

Partí la mañana caminando hacia el Parque Rodó, que queda al lado de Playa Ramírez (el lugar donde terminé mi primer día de caminata). Los uruguayos van al parque a pasear con sus mascotas y/o con sus hijos, a ver qué les ofrece la feria, a correr, etc. El parque es chiquito y una no se demora tanto en cruzar. Yo aproveché una banquita en el parque para disfrutar el sol, que venía apareciendo tímido entre las nubes, y no pensar en nada en particular.

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Playa Pocitos. La más conocida de Montevideo.

Una vez que salí desde el parque hacia las ramblas, caminé hasta Playa Pocitos, donde bajé a caminar a la orilla del Río de la Plata. La playa es pequeñita, pero tranquila. A esa hora del día, al parecer estaban todos en otra, porque aparte de un par de grupos solitarios de gente, la playa estaba desierta. A mí que me gusta caminar en las orillas de playa, esta estaba increíble: tranquila, con una brisa fresca y el sol que ya brillaba en el cielo. La verdad es que me hubiese venido bien un matecito o, la versión chilena, un tecito y un libro. Música, no me faltó.

Esta caminata, desde Playa Ramírez hasta Playa Pocitos, deben ser unos 4 kms. por las ramblas.

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Este letrero de noche se ve increíble. No tengo fotos de eso. Se lo tendrán que imaginar.

Seguí un poco más allá hasta el letrero de Montevideo, donde me encontré a un grupo de gente haciendo yoga. ¡Qué cosa más linda! Así que me quedé un rato, recordando mi antigua vida yogi.

El famosísimo letrero de Montevideo, está en altura. Así que desde ahí, se puede tener una linda vista de la playa Pocitos.

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Chivito con fritas (L)! Más, más, más, quiero más =D

En vista y considerando la hora, me fui a buscar un lugar para comer. Quería probar los chivitos, así que busqué un La Pasiva para probarlos. Los chivitos son un sandwich de carne, huevo duro, lechuga, tomates y mayonesa, acompañado de papas fritas. La verdad es que es bien rico…y fácil de hacer, así que acá en Santiago hago mi propia versión de chivitos, para cuando la nostalgia de Uruguay se hace muy grande.

Después de este almuerzo, caminé de vuelta al hostal. Ya eran cerca de las 4 de la tarde y, en vez de irme por las ramblas, me fui recorriendo las calles de Montevideo. Ahora comprobé mi teoría inicial de que esta ciudad es una mezcla entre Viña del Mar y Ñuñoa. Caminando pude apreciar las fachadas de las casas, las calles adoquinadas, los árboles en otoño.

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Helado y Chocolate Caliente de La Cigale. Fui feliz.

En vista y considerando todo lo que había caminado, descansé un rato al llegar al hostal. Después, salí a buscar mi pasaje a Colonia al Terminal de Tres Cruces y, antes de regresar, pasé por La Cigale, heladería insigne de Uruguay, a probar el chocolate caliente y el helado de chocolate y el de dulce de leche. ¡Cómo no iba a comer dulce de leche! ¡Estoy en Uruguay!

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Mercado Agrícola de Montevideo.

Al volver de Colonia, me quedaba un día en Montevideo. Donde aproveché de ir a explorar el Mercado Agrícola de Montevideo (MAM), queda un poco a trasmano de los lugares más visitados de la ciudad y no estoy tan segura de que valga la pena darse una vuelta por ahí. En cuanto a arquitectura, me gustó mucho. Es un…mercado. No sé como explicarlo de otra manera. Tiene muchas tiendas distintas, cafés, chocolaterías, un pequeñísimo patio de comidas y alguna tiendita con souvenirs.

También aproveché de volver al Mercado del Puerto, donde compré algunos recuerdos, cajas de alfajores y dulce de leche, porque qué cosa más rica los dulces aquí.

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Catedral de Montevideo. 

En mi vuelta al Mercado del Puerto y a Ciudad Vieja, aproveché de pasar por la Catedral de Montevideo. Una Catedral chiquita, muy parecida a la Catedral de Santiago, aunque más luminosa.

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Arepas. Colombia-chileno-venezolanas.

Despidiéndome de Montevideo, tuve una gran tarde noche con dos personas increíbles que conocí en el hostal: Jeisha (de Venezuela) y Luz (de Colombia). Por primera vez en mi vida, probé las arepas y debo decir que me encantan. Gracias a ustedes, chicas, ahora cada vez que puedo busco lugares para comer arepas en Santiago.

Una anécdota de mi vuelta a Santiago. ¿Recuerdan la historia del taxi? (Si no, lea la primera parte de este post, aquí) Pues para ahorrarme dinero, fui a tomar un omnibus de COPSA que me dejara en el aeropuerto, en un paradero cerca del hostal. No me equivoqué en tomar el bus…pero sí me equivoqué al bajarme. Iba yo atenta a los edificios, cuando leí que uno decía “Departures”, así que me bajé…pero cuando no vi a nadie más, me preocupé. Busqué personas y cuando encontré una, me dijo que el edificio era una terminal del aeropuerto que ahora estaba cerrada y que la terminal nueva estaba como a un kilómetro de distancia. Pensé en caminar, pero tuve que salir a la…¿carretera? y no me dieron ganas de caminar por un lugar tan solo, así que obligada a buscar un taxi. ¡Loser yo! For the record, estoy segura que fue más de 1 km de distancia.

Montevideo es una ciudad linda, pero es para un turismo distinto. No es una ciudad ecléctica, no es una de esas ciudades que no duerme. Montevideo es tranquilo, tiene sus actividades, tiene lo suyo, pero es para que lo hagas a tu ritmo. No es una ciudad que te lleve corriendo a través de ella. Yo creo que es por eso que a mí me gustó.

 

Datos para Montevideo. Parte 2.

  1. Montevideo es una ciudad donde lo turístico no está desarrollado por completo. Así que el mercado de souvenirs es un poco escaso y un poco caro.
  2. No se sorprenda de la cantidad de brasileños que hay. Si bien mucho van por turismo, hay una buena cantidad que se queda a trabajar.
  3. Conozco gente que no le ha gustado Montevideo, porque no tiene “muchas” cosas que hacer. Y, a lo mejor, es verdad, pero la ciudad tiene lo suyo, tiene sus panoramas, quizás falta hacerlo más masivo, más conocido, más popular.
  4. Montevideo es una ciudad que se siente muy segura. A diferencia de otros lugares en los que he estado, en los que evitaba salir de noche sola, aquí no estaba muy preocupada por la hora.
  5. Me perdonarán, pero no me acuerdo cuánto me habrá costado el omnibus hasta el aeropuerto. Soy lo peor.
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