Puno: Bienvenida a Perú

Puno es probablemente la ciudad más conocida y más importante del altiplano peruano. A las orillas del Lago Titicaca, lo que comenzó como una pequeña ciudad lacustre rodeada de altas montañas, ha tenido un alto crecimiento demográfico sustentado, especialmente, por la migración de las familias del campo a la ciudad.

Pero Puno tiene mucho que ofrecer, aunque al principio no lo parezca. La verdad es que por los pocos días que estuve ahí, descubrí tarde todo lo que podría haber hecho si me hubiese quedado más días.

Después de un corto viaje desde Copacabana (no más de 4 horas) y de instalarme en mi B&B me fui a recorrer el centro de Puno, que es bien pequeño (Sinceridad ante todo).

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Catedral de Puno y el Domingo de Ramos.

Lo primordial es la Plaza de Armas, con la Catedral de Puno y varios edificios de gobierno. Llegando a la Catedral, caí en la cuenta de que llegué en domingo (un día lento por naturaleza en las ciudades pequeñas) y, más encima, Domingo de Ramos. Así que había poca gente y pocos lugares que visitar.

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Jirón Lima es como el Paseo Ahumada de Puno (?) 

Desde la Plaza de Armas, uno toma el paseo peatonal Jirón (Calle) Lima, que es donde está todo. Restaurantes, cajeros automáticos, tiendas de recuerdos, cambio de divisas, agencias de viaje, etc.

Caminando por el Jr. Lima se llega al Parque Pino y la Iglesia de San Juan, donde también habían muchas mujeres ya retirándose de la venta de ramos para bendecir en la misa.

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Arco Deustua en el Jirón Independencia.

Si se sigue por el Jr. Lima, llega un momento en que pasa a llamarse Jr. Independencia, por el cual uno llega al Arco Deustua. Un arco que data de 1847 y fue construido para honrar a los soldados que lucharon por la Independencia del Perú en el altiplano peruano.

Sin saber mucho más sobre dónde ir, ni qué hacer, mi día terminó temprano. La verdadera aventura comenzó al día siguiente, que hice un tour de día completo a las Islas Flotantes e Isla Taquile.

El día empezó temprano, para variar. Me pasaron a buscar a mi B&B y me llevaron al muelle donde estaban las embarcaciones listas para pasar el día completo surcando las aguas del lago más alto del mundo.

Con un grupo multicultural, una mezcla interesante entre latinos, europeos y norteamericanos, partimos con nuestro guía (Alex) hacia nuestra primera parada: Las Islas Flotantes de los Uros. Estas islas son artificiales, armadas con bloques de raíces de totora intercaladas con totora tejida.

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Aquí, aprendiendo la magia detrás de las islas flotantes.

Al llegar a una de las islas, las mujeres de lugar (vestidas con atuendos típicos) dan una explicación de como utilizan la totora para construir las islas y hacen una demostración de todos los usos que tiene esta planta acuática, explican también como se organizan como pueblo indígena que son y cuentan de qué y cómo viven el día a día, muestran el interior de sus casas, que constan de una sola habitación, y se finaliza con una presentación de productos artesanales para el turista.

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Totora multiuso. Le hace a la navegación, a la construcción, a la comida…

Otra de las cosas que se puede hacer, por el módico precio de 10 soles, es que te lleven a la siguiente isla en sus botes de totora. En esa isla hay como una pequeña cafetería/restaurant/whatever en el que por precios muy disparatados puedes comprar fruta o pasteles para el resto del camino, que es un poco más largo de lo que habíamos recorrido hasta el momento. También en esta isla se puede timbrar, por 1 sol, el pasaporte con tu visita a las Islas Flotantes.

Sé que a la mayoría de las personas les encantó visitar las Islas Flotantes, que las encontraron maravillosas y, quizás, hasta se enamoraron de ellas. En mi caso, no fue así. Si bien las islas son interesantes en cuanto a diseño, sentí que todo era muy…comercial. Muy show para el turista y eso le quitó el encanto que podría haber llegado a tener. El hecho de que fuera todo tan poco natural, me desilusionó un poco.

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Isla Taquile, donde los cielos altiplánicos me mataron.

La siguiente isla en la que desembarcamos fue, definitivamente, mi favorita. Isla Taquile, cuyo arte textil fue proclamado como parte del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. Lo que más llama la atención es que quienes realizan la actividad textil acá son los hombres, quienes aprenden desde muy pequeños este oficio.

Otra cosa que yo encontré exquisita sobre la Isla Taquile es que su gente aún viste sus trajes tradicionales y no por una cosa turística, si no que porque todavía es costumbre de la comunidad. Según lo que nos dijeron, los taquileños hablan aymara como “idioma oficial”, pero según otras fuentes de información estarían dentro del dominio lingüístico del quechua (Si alguien lee esto y sabe, déjeme un comentario sacándome de la duda). Independiente de lo anterior, también hay muchos taquileños que hablan español, así que no es un problema comunicarse con ellos.

El recorrido por Isla Taquile consiste en llegar a uno de los muelles y de ahí comenzar a subir por los caminitos hasta la Plaza, que se encuentra en la parte más alta de la isla (es una subida de 200 m, sin escalones). Dan un tiempo prudente como para que todos, independiente de la condición física, logren subir sin contratiempos y, como con toda actividad a más altura de lo que uno acostumbra, se debe tener cuidado de no ir muy rápido, mantenerse hidratado y detenerse a descansar (Hay que recordar que esto no son los Juegos Olímpicos). Los tours dan la posibilidad de quedarse en la embarcación si tienes problemas para movilizarte o de verdad te está afectando la altura o no te sientes lo suficientemente capaz de subir, pero son varias horas que se pasan en la isla, así que no es el mejor de los panoramas.

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LA plaza. El centro social de la isla.

Una vez que llegaste a la plaza, los guías te recomiendan ser respetuoso con los taquileños, pues a la mayoría les molesta el tema de las fotografías . Siempre puedes conversar con ellos para pedirles permiso y, en algunos casos, negociar alguna propina por la fotografía (No se espante, eso pasa). Además, los guías también te cuentan datos interesantes sobre los taquileños, sobre sus ceremonias, sobre la comunidad, el significado de sus tejidos, de la forma de sus sombreros, etc., etc.

En la plaza también está el “centro artesanal”, donde puedes ir a ver y comprar los trabajos textiles de los taquileños.

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¡Esos azules! Esto es un paraíso visual.

Una vez terminado el tiempo en la plaza, se comienza a bajar por otro camino de la isla hacia el lugar donde almuerza el grupo. A mí me tocó una casa cuya terraza, donde estaban los mesones para el almuerzo, tenía una vista increíble del lago. Es la mejor vista que he tenido en una comida, sin bromear. Pongo mis manos al fuego por la vista de esa casa taquileña.

La comida era muy buena y justa para la mañana que habíamos tenido. Una entrada de sopa de quínoa, un plato de trucha con arroz y papas fritas, y postre (que no recuerdo que comí). Si quieres algo para tomar, se paga aparte (Coca Cola a 5 soles).

Debo decir que en este lugar vi a la persona más linda del mundo, una abuelita de esa edad indefinida y eterna que hilaba su lana en un rincón y hablaba de vez en cuando con un chico (que nos estaba sirviendo el almuerzo) un aymará que apenas se le escuchaba. Creo que fue la única persona con la que de verdad sentí algo especial. No me acerqué a saludarla, ni a conversar con ella, pero después de haber estado un rato observándola en su trabajo, le sonreí y ella me sonrío de vuelta y sé que con nadie más se portó de esa manera. Por respeto a ella y al resto de los taquileños, no le saqué una foto. Pero llevo su cara guardada en la memoria.

Una vez que termina el almuerzo, seguimos bajando por los caminos de la isla hasta llegar al muelle donde nos espera nuestra embarcación para poder regresar a Puno. Los que quisieron, pudieron darse un chapuzón en las aguas del Titicaca, antes de partir. Yo, por mi parte, me acomodé en mi asiento y perdí la conciencia por un rato.

Al llegar de vuelta a Puno, me sentí feliz y tranquila. Lugares como Isla Taquile son realmente maravillosos y llenan el corazón con recuerdos y experiencias nuevas. Se disfruta mucho lo auténtico que es, las vistas y la oportunidad de poder visitar lugares como este.

Antes de terminar, tengo que hacer una mención especial de mi hostal, el Casa Don José B&B, que me recibieron con los brazos abiertos y me hicieron sentir como en casa. Primero, Tania (que trabaja como “recepcionista”) que es una muy buena conversadora y me entretuve demasiado en los momentos muertos que tuve (sobre todo el primer día). La señora Pocha (dueña del lugar) también es un sol, porque me ayudó con el tour, me ayudó con la lavandería, me invitó a tomar té con su familia, quienes me regalaron historias increíbles. Y el día del tour a Puno me dieron desayuno antes de la hora del desayuno. Así, ¿cómo no se va a mal acostumbrar una?

Cosas de los viajes, ¿no?

 

 

Datos para Puno

  1. No llegues día domingo.
  2. Recuerda que la comida en las Islas Flotantes es cara. Mejor llevar un snack liviano desde Puno, que los almacenes son muy baratos (Recuerdo haber llorado un poco por el precio del pan comparado a lo que pagamos en Chile).
  3. Mi tour me costó 65 soles. No sé qué agencia habrá sido, pero es como para que se hagan una idea de que debiera estar por ese rango de precios.
  4. Como siempre, vayan con dinero en sencillo, por si acaso. Baños, bebidas, timbres en el pasaporte, comida, etc. Ya saben, 1o soles si quiere paseo en bote. 1 sol si quiere timbrar su pasaporte. 5 soles los pastelitos.
  5. El lugar donde pasa todo es el Jr. Lima. Así que si quieres salir a visitar la escena nocturna, ese es el lugar.
  6. Recomiendan ir al Mercado de Puno (creo que los días jueves es el día en que más movimiento hay, pues llegan los productos desde el interior), aunque siempre con cuidado, porque es medio peligroso para el turista.
  7. Uno de los lugares que no alcancé a visitar, porque no sabía que existía, es la Isla de Amantaní. Según me dijeron también es un lugar que hay que visitar.
  8. Si andan con tiempo y dinero, en los alrededores de Puno hay muchísimas ruinas y construcciones inca, como para darse una vuelta. Vi mucha señalética cuando iba de Copacabana a Puno.
  9. Visiten esta página web del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo de Perú, para que se hagan una mejor idea de qué hacer en Puno.
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